Mi esposa y yo fuimos a un restaurante en Madrid, en la calle Cruz, de un nombre relacionado con museos y vinos.
Pues bien, a la hora de pagar no sólo nos cobraron de más sino que nos dijeron con quién tenían deferencias y con quiénes no, y que ellos decidían eso.
Pedimos la hoja de reclamaciones y no nos la quisieron dar, por lo que llamamos a la policía local; entonces nos la dieron. Pero comenzaron a insultarnos y a decir que clientes como nosotros sobran, amén de otras cosas. Y todo porque somos canarios y pensaban que éramos sudamericanos; aun así, tras ver nuestro DNI, siguieron en sus trece, por lo que la policía nos aconsejó que pusiésemos una denuncia por insultos ante la Nacional, cosa que hicimos.
No hemos vuelto por allí y hemos contado esto cuantas veces hemos podido, para que no les salga gratis su necedad.
Un negocio así no debe seguir abierto al público. Tampoco es la primera vez que sucede.